lunes, 7 de octubre de 2013

La infancia del monaguillo

Tatuajes, que hay que contar de ellos. Esos mapas que nos hacemos en cualquier parte del cuerpo con la ayuda de una aguja. No nos hace gracia vacunarnos, pero si que nos hagan un croquis en la piel. Desde dragones, símbolos, nuestro propio nombre, la cara de Camarón...
Lo que no sabemos es lo peligroso que puede llegar a ser el uso abusivo de estos dibujos urbanos. Me pongo en el lugar de una madre que recién dada a luz tiene un tarabito y se tatúa su nombre, Nacho. Un tatuaje en todo el brazo casi en tres dimensiones y con un corazoncito atravesando las letras. Al cabo de unos cuantos años el niño, ya adulto, decide cambiarse el sexo y con ello su nombre y para joder se pone Mari Juana. ¡Será hija de p...!

Ese mismo niño, ya en su afán de dar por culo, unos años atrás decidió hacerse monaguillo. Todo por hacerse amigo del cura de su barrio. Ya todos sabemos del gusto del sector eclesiástico... ¿Fue eso lo que provocó su decisión de cambio de sexo?