jueves, 2 de agosto de 2012

Llegó la hora de playa

Día 1 de agosto, comienzan los momentos de playitas y piscinitas para algunos. Yo recuerdo cuando era niño y me iba con mis padres a la playa. A las 3 de la mañana había que levantarse si querías coger sitio para ti y para tu coche.

En estos casos era vital la típica neverita naranja o azul, dependiendo de los gustos de cada uno, de esas que llevan en tu casa más tiempo que Jordi Hurtado en Saber y Ganar.  Tu madre preparaba la tortilla de medio metro de grosor, las croquetas, los filetes empanados, las aceitunas, las bebidas, los refrescos, el melón de diez kilos, la sandía de treinta, los helados de postre... y posiblemente a tu abuela, para que no pase calor... ¿Como cojones conseguía meter todo eso ahí?

A primera hora de la mañana aparcas el coche, coges la nevera, el balón de playa, a tu abuela que viene tiesa dentro de la nevera... sin olvidarnos de las toallas, la sombrilla y por supuesto las crema de sol factor 3500, por si te quemas. Lo primero que hace tu madre, una vez aparcados todos los chismes, es embadurnarte con la crema. Desde ese momento tu peso se ve duplicado, por lo que llegar hasta el agua es toda una hazaña.

Después de tu primer contacto con el agua, llega la hora de comer, todos alrededor de tu madre, pues es ella la que reparte. Terminas de comer a eso de las dos y cuando haces el intento de volver al agua es tu madre la que te coge del bañador y con una fuerza descomunal tira hacia ella. -La digestión- dice ella. Cinco horas allí sentado sin hacer nada. Bueno, si, los típicos castillos de arena. Uno con los 65 años que tiene, aun esta en la edad de hacer estas cosas. Total ya sólo me queda un par de años para  independizarme...