sábado, 22 de septiembre de 2012

La báscula no engaña

Dentro de unos minutos tengo tres opciones: la primera, acostarme, la segunda, seguir enganchado a internet y la tercera... ver las estrellas.

Por que digo esto, os preguntaréis. Estoy que me tiro de los pelos (y eso que no tengo) y no se que hacer, ¡tengo hambre joder!. Llevo varios días a dieta y veo comida por todas partes. Un buen filete, una porción de pizza, un perrito caliente... sin ir más lejos, esta mañana estuve a punto de chocarme contra un olivo cuando iba al trabajo en coche con tal de llevarme algo a la boca, aunque sólo fuese una aceituna cruda (que malas están, por cierto, sino que se lo pregunten a un familiar mio que se comió una pensando que se comían así).

Los que estamos fuertes (como me dice mi madre), tenemos ese inconveniente. No nos queda otra que andar con yogurcitos, lechuguita, verduras, fruta... Me entra de todo cuando veo a la típica persona que se sienta en la mesa de un restaurante y se lía a pedir un plato tras otro y a devorarlo sin coger un solo kilo de más, ¡que asco de envidia! ¿Sana? Seguro, no me queda otra que comer sano...

Algún día miraré la báscula con aires de grandeza, por que  no tendré que utilizarla más y acto seguido me despertaré de ese magnífico sueño con uno de mis ronquidos particulares. De momento soñar no cuesta dinero. Veremos a ver si Mariano no le suma ningún impuesto de esos que tanto le mola.