domingo, 14 de octubre de 2012

Asesino en cubierta (Parte 1)

Eran las 7 de la mañana y aquel despertador comenzó a sonar de forma repetida. Era uno de esos tonos de pitido estridente que consigue sacarte de la cama sin que te des cuenta, casi por arte de magia. Gilda se levantó al mismo tiempo que Miguel. Era el día en el que iban a visitar la ciudad de sus sueños, Roma. Llevaban tiempo planificando el recorrido que querían hacer. Verían el Vaticano, el Coliseo, la Plaza de España... entre otros monumentos.

Estaban ya vestidos para ir a tomar el desayuno en la cubierta 12 de aquel crucero. Subieron en ascensor como el resto de días y llegaron hasta el buffet. En la piscina ya había gente bañándose. Era un día más en su feliz luna de miel.



Terminaron rápidamente el desayuno porque el autobús que les estaba esperando para hacer el recorrido por Roma estaba a punto de llegar. Volvieron al camarote a coger sus cosas para salir, pero de repente se escuchó un ruido estruendoso. Venía de la parte de arriba del barco. Comenzó a sonar la sirena de alarma y se cerraron todas las puertas de los camarotes. Todos los barcos poseen un sistema de emergencia que hace que las puertas se sellen automáticamente junto con el aviso de alarma.

Miguel y Gilda estaban aterrados. De repente se fue la luz y el aire acondicionado dejó de funcionar. Decidieron esconderse debajo de la cama. El barco no se movía apenas, así que aquello no podía estar hundiéndose, ni podía ser un simulacro de emergencia, por lo que dedujeron que podía ser algo aún mas grave, como un acto de terrorismo.

Volvió la luz y el aire acondicionado se puso en marcha nuevamente, pero las puertas seguían cerradas. En ese momento comenzó a sonar la megafonía: "Atención señores pasajeros, disculpen las molestias. Por favor, manténgase en el interior de sus camarotes. Les seguiremos informando".

Eso les tranquilizó un poco, así que salieron de debajo de la cama. Por los pasillos se escuchaban gritos de pánico, la gente pidiendo explicaciones y los camareros intentando poner calma. Eso no les podía estar ocurriendo a ellos en su luna de miel. 

Transcurrieron así al menos 4 horas hasta que alguien se acercó a su camarote:

- No se preocupen, somos el capitán del barco y parte de la tripulación y venimos a abrir su puerta. Vienen con nosotros unos Carabinieri a hacerles unas preguntas.

Tras una dura disputa entre la puerta y el capitán del barco al fin consiguieron su objetivo. Nuestra pareja estaba muerta de miedo, pero intentaron tomárselo de la forma más serena posible.

- ¿Estaban ustedes en el camarote cuando escucharon el disparo? - dijo el carabinieri con un acento bastante acertado.

- Si señor, estábamos aquí y de repente se escuchó ese sonido- dijo Miguel aterrado. - ¿Qué ha ocurrido?-

- Ha habido un asesinato en la cubierta de arriba y estamos interrogando a todo el que iba en el barco en ese momento,  aunque es complicado que sean ustedes pues no pudo darles tiempo a realizar el disparo y volver al camarote antes de cerrar las puertas. Pero todo es posible, ha pasado un minuto y medio entre el hecho y la pulsación de alarma. De todas formas, muchas gracias. Manténganse en su camarote. Seguiremos informando.


La settima stagione di Carabinieri

Pasaron otro par de horas. Se uso en marcha el megáfono de los camarotes: "Señores pasajeros, les pedimos amablemente que acudan al teatro. No lleven nada consigo. Muchas gracias por su atención".

Miguel y Gilda estaban deseando salir de aquel lugar así que salieron de allí pitando y cogieron el ascensor, lleno de gente hasta el teatro que estaba en la cubierta 5. Los fueron sentando a todos por el orden de sus cubiertas y habitación, así que a ellos los colocaron el la fila 6, al lado de un matrimonio posiblemente americano. 

- Bien señores - comenzó el carabinieri. - Como ya sabéis se ha producido un hecho lamentable. Alguien entró en el camarote  134 de la cubierta 7 armado y disparó en una ocasión a la mujer que allí se encontraba. María, española de 46 años. Esta grave e inconsciente, pero gracias a Dios no se teme por su vida. Estamos esperando a que despierte para ver que nos puede contar, a no ser que haya alguien en esta sala que quiera decirnos algo antes.

Tras las palabras un silencio sepulcral se adueño de aquel teatro. Tras varios segundos, un hombre de unos 50 años se levantó de su asiento.

- ¡Ha sido aquel hombre de allí!- gritó el hombre señalando a Miguel.



Continuará...